Los peligros  del glifosato

Los peligros del glifosato

Juan Mari, jardinero apasionado, Asturias

Ficha escrita por:

Juan Mari, jardinero apasionado, Asturias

107 fichas consejo

Hace algunos años, casi nadie sabía lo que era el glifosato. Esto ha cambiado desde que se iniciaron distintos procesos estatales y europeos para legislar sobre este producto, debido a las sospechas sobre sus efectos nocivos en la salud de las personas y los que ya se han confirmado sobre el medio ambiente.

Características importantes

  • Peligros y riesgos para el medio ambiente y la biodiversidad
  • Peligros y riesgos para los humanos y la salud
  • Legislación e implicación económica
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El glifosato es la materia activa que se utiliza para fabricar este herbicida. Forma parte de la categoría de los herbicidas foliares sistémicos, es decir que, una vez que se pulveriza, penetra la planta a través de las hojas y llega a la savia lo conduce hasta las raíces. Finalmente, acaba destruyendo a las plantas por dentro.

Es un herbicida total, ya que destruye todo tipo de plantas sin distinción, al contrario de como ocurre con los herbicidas selectivos.

El glifosato se introdujo en el mercado a partir de 1974 con el nombre comercial de Roundup, procedente de una empresa americana. Al volverse de dominio público su patente en el año 2000, su precio se redujo y otras empresas empezaron a fabricarlo, llegándose a comercializar con más de 750 referencias. Todos los años se venden 700.000 toneladas a nivel mundial y 8.000 solo en España.

Es el herbicida más vendido en España y también el que más se utiliza a nivel mundial debido a su bajo precio, a su eficacia y a su efecto de corta duración, que permite sembrar varios días después de haberlo pulverizado. Se utiliza mucho en agricultura, pero en el pasado también llegó a las ciudades ya que las administraciones locales lo usaban en parques y jardines, es decir, en espacios abiertos al público.

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Pulverizado

A partir de 1996, Monsanto desarrolló los cultivos Roundup Ready  (RR). En estas plantas genéticamente modificadas como el maíz, la soja o incluso la colza, se introdujo un gen resistente al herbicida, que permitía poder desherbar con glifosato sin que ello afectara al cultivo.

El grupo Monsanto, que vende el Roundup, también comercializa las semillas (es el número dos mundial en semillas agrícolas) de estas plantas genéticamente modificadas. El modelo de negocio incluye el cebo y el anzuelo (Monsanto proporciona la semilla a los agricultores así como el Roundup).

En Estados Unidos, el 65 % del algodón y el 10 % del maíz que se cultivan contienen el gen Roundup Ready y los cultivos de OGM han provocado una subida del consumo de herbicidas por parte de los agricultores en EE.UU. Este modelo de contrato está prohibido en otros países.

Sin embargo, los cultivos Roundup Ready contienen más residuos de herbicida que sus homólogos cuyas semillas no son OGM.

Esto explica por qué las autoridades de algunos países han aumentado el umbral de las cantidades legales autorizadas de residuos, llamado límite máximo de residuos (LMR). El LMR constituye un umbral por encima del cual la comercialización del producto no está autorizada.

De esta manera, en la Unión Europea, la tasa residual máxima de glifosato autorizado en la soja aumentó 200 veces, pasando de 0,1 miligramos por kilogramo a 20 mg/kg en 1997, después de que la comercialización de la soja Roundup Ready, modificada genéticamente, se autorizara en Europa.

En cuanto a las lentejas, el LMR pasó de los 0,1 mg/kg a los 10 mg/kg en 2012, (la norma internacional recomienda 5 mg/kg).

Asimismo, el reglamento europeo indica que es posible solicitar una tolerancia a la importación, «con el objetivo de dar respuesta a las necesidades del comercio internacional».

Los agricultores utilizan mucho el glifosato, sobre todo en los campos de colza, trigo o maíz, pero también en otros cultivos como la viña o el olivar.

Este herbicida se utiliza en la fase previa a la cosecha en muchos países. En cultivos como la avena en Canadá, la lenteja en Estados Unidos o incluso la judía roja en Brasil, el glifosato se pulveriza dos semanas antes de la cosecha para acelerar el proceso. Tanto los cultivos como las malas hierbas se secan, lo que facilita el paso de la cosechadora.

Estos tratamientos, que se aplican unos días antes de la cosecha, explican, en gran parte, la presencia de glifosato en nuestros alimentos. Por eso, podemos encontrar glifosato en el pan o en la cerveza, debido a los tratamientos que se aplican a los cereales que se utilizan como materia prima para fabricar estos productos.

La ONG Générations Futures mandó analizar 30 muestras de productos de alto consumo y concluyeron que la mitad contiene glifosato. En cuanto a las muestras de orina de 30 personas, todas ellas presentaron trazas de glifosato.

En España, el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social revisó las autorizaciones de los productos fabricados y la evaluación de riesgo, que indicaban que su uso previsto era seguro. Eso sí, se desautorizó en el ámbito no agrario y por usuarios no profesionales. A nivel europeo, se renovó la autorización para el uso de esta sustancia activa hasta 2020, independientemente de la legislación propia de cada país. 

En otros países de la UE, el uso del glifosato está permitido para el trigo o la colza, antes de cosecharlo, pero solo en años húmedos que retardarían ese momento. En los países del Este, el uso en girasoles permite acelerar la cosecha.

Los efectos que tiene sobre la salud humana la exposición al glifosato o el consumo de alimentos que presenten trazas del producto son difíciles de evaluar.

Varias agencias, expertos de la ONU y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria han considerado recientemente que es improbable que el glifosato sea cancerígeno por vía alimentaria. 

Pero los detractores de esta sustancia activa les reprochan efectos nefastos sobre el medio ambiente y sobre las personas que manipulan este producto o están expuestas a su pulverización.

El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), vinculado con la OMS, el 20 de marzo de 2015 clasificó el glifosato como «posiblemente cancerígeno» para los humanos, y demostró el carácter cancerígeno en los animales. También sospechan que esta molécula provoca un tipo particular de cáncer de sangre, el linfoma no hodgkiniano, y que provoca daños en los cromosomas de las células humanas, lo que expondría especialmente a las mujeres embarazadas. 

Además, se sospecha que el glifosato pueda ser teratógeno, lo que provocaría malformaciones en los fetos.

La polémica que envuelve al glifosato también afecta a su biodegradación.

Aunque las opiniones en cuanto a la influencia directa del glifosato sobre la salud de los humanos son dispares, existe un consenso sobre sus efectos nefastos sobre el medio ambiente.

Así pues, tanto el glifosato como las sustancias que proceden de su degradación están presentes en el suelo, el agua superficial y en las capas freáticas, pero también en el aire y en el agua de lluvia.

La acción herbicida del glifosato solo se produce al ser pulverizado sobre las hojas, lo que permite sembrar directamente después, sin ningún efecto tóxico para el siguiente cultivo. El descubrimiento de esta molécula revolucionó totalmente el proceso de cultivo, ya que antes se debía esperar hasta varias semanas después del tratamiento herbicida para poder cultivar la tierra.

Esta es la gran ventaja que ofrece el glifosato a cualquier agricultor, y lo que lo convirtió en un excelente argumento de venta, creyendo durante mucho tiempo que este producto era totalmente biodegradable.

Pero la realidad es que el glifosato y sus derivados necesitan varios días, y a veces varios meses, para degradarse, en función de las características del suelo. Estos productos se pueden encontrar, sobre todo, en las aguas superficiales, y los estudios que se llevaron a cabo en distintos países demuestran que hay concentraciones superiores al umbral reglamentario, lo que puede provocar un cambio en el entorno acuático, sobre todo acidez, en la que algunas especies no podrían sobrevivir.

Además, la Agencia Europea de Productos Químicos ha reconocido su carácter tóxico para el entorno acuático, así como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Las mismas agencias, no obstante, no reconocieron sus potenciales efectos cancerígenos sobre las personas.

Aunque las cantidades en sí no sean alarmantes, no se sabe con certeza cuáles son los efectos del glifosato sobre los seres vivos. Al tratarse del herbicida más utilizado del planeta, las cantidades que se emiten de manera global al medio ambiente podrían ser problemáticas, ya que se encuentra en todos lados: en el suelo, en el agua y en el aire.

Glifosato y biodiversidad

El glifosato genera otras inquietudes de aspecto ecológico. Algunos cultivos, como las plantas manipuladas genéticamente (transgénicas o OGM), están programadas para resistir al glifosato, lo que permite desherbar sin secarlas. Sin embargo, algunas malas hierbas se vuelven resistentes al glifosato, por lo que hay que emplear cada vez más herbicida para eliminarlas, lo que significa que hay más producto esparcido por el entorno. 

Por otro lado, al favorecer de forma indirecta a las especies resistentes, se reduce la biodiversidad, no solo en las plantas, sino también en los insectos que se alimentan y polinizan las flores, los pájaros, los mamíferos, etc.

Las críticas a las que se enfrenta, tanto en materia de salud como de medio ambiente, han puesto al glifosato entre las cuerdas.

En 2017, la Agencia Europea de Productos Químicos decidió mantener el estado del glifosato como sustancia no cancerígena y, en noviembre de 2017, la Comisión Europea autorizó el uso del pesticida durante 5 años, a pesar de la propuesta de algunos representantes europeos de prohibirlo o prolongarlo solo durante 3 años.

El mismo año, el gobierno español se comprometió a tomar las decisiones correspondientes cuando esta sustancia deje de estar autorizada o existan evidencias que recomienden su prohibición. 

No obstante, las asociaciones de agricultores y los sindicatos temen una posible competencia desleal con otros países si el glifosato se prohibiera en España.

El purín de ortiga o el uso de binadores, escardillos, extractores térmicos, agua hirviendo o sal gorda son algunas alternativas accesibles para los particulares que quieran eliminar las malas hierbas de forma respetuosa con el medio ambiente. 

Para saber cómo desherbar sin productos químicos, consulta nuestra guía completa sobre los herbicidas naturales.

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Extractores térmicos

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Ficha escrita por:

Juan Mari, jardinero apasionado, Asturias, 107 fichas consejo

Juan Mari, jardinero apasionado, Asturias

De niño ya trabajaba en el jardín familiar. Quizás ahí nació mi interés por las plantas y la jardinería. Así que nada más lógico para mí que estudiar biología vegetal y agronomía.   Posteriormente, y accediendo a la solicitud de varios editores, escribí, a lo largo de 25 años, numeroso libros relacionados con las plantas, los champiñones (un tema que me preocupa), al principio básicamente guías identificativas, pero posteriormente me fui adentrando en la jardinería, retomando, de este modo la pasión de mi infancia.   Además de eso, he colaborado regularmente con varias revistas especializadas en jardinería y naturaleza. Como no hay jardinero sin jardín, cultivo desde hace 30 años el mío propio en un pequeño rincón de Asturias, poniendo en práctica los métodos de cultivo sobre los cuales os aconsejo.

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