En el sistema de calefacción central, la válvula forma parte del dispositivo de seguridad. El instrumento está diseñado para garantizar a toda la red una protección contra la sobrepresión y el sobrecalentamiento. En este ámbito, los modelos existentes difieren especialmente en sus materiales, su boquilla, así como el umbral de temperatura y presión que pueden soportar.
En la protección de la instalación de calefacción, el papel de las válvulas de seguridad se resume en evacuar el exceso de presión y temperatura. Hechas la mayoría de las veces de bronce, se pueden encontrar diferentes tipos: con boquilla macho/hembra o hembra/hembra; presiones máximas de 3 a 15 bares (ajustables para algunos modelos); temperaturas alcanzando los 125°C... Otros modelos están equipados con un manómetro que permite un seguimiento continuo de la presión ejercida dentro de su instalación. Por un lado, se puede mencionar la válvula térmica que se utiliza principalmente en instalaciones tipo caldera de combustible sólido o policombustible. Cuando esta última empieza a sobrecalentarse, la válvula se abre para asegurar la refrigeración del sistema evacuando el agua caliente para así evitar cualquier riesgo de daño material. En esta categoría se pueden citar algunos modelos que pueden soportar hasta una presión de 10 bares y una temperatura de 125°C. Sin embargo, a menos que haya un ajuste específico, este tipo de dispositivo se activa automáticamente a partir de una temperatura inferior al umbral máximo indicado. Para evitar la sobrepresión en las calderas de vapor, se recomienda a menudo una válvula de seguridad cuya presión máxima esté ajustada a 3 bares. En general, el bloque válvula se coloca directamente en el circuito de calefacción, preferentemente entre una válvula de 4 vías y la caldera. Sin embargo, también se puede instalar directamente en la caldera.