¿Cuál es tu estilo de alfombra?
La alfombra debe estar en consonancia con el estilo de la habitación donde la colocas. Aunque no es una condición que siempre se cumple, el estilo suele ir también asociado al material. Las alfombras persas clásicas son de lana de muy buena calidad, incluso de seda. Las alfombras modernas son, sin embargo, de fibras naturales vegetales como el bambú, o el ratán.
¿Cómo saber si una alfombra es de buena calidad?
La calidad de una alfombra suele estar relacionada con su material. Las alfombras de lana son las más apreciadas por su calidez y suavidad, pero también son caras y necesitan mucha limpieza y mantenimiento para conservarlas en buenas condiciones. Se asocian a los ambientes más clasicos y, a menudo, recargados. Las alfombras de algodón o de fibras naturales (bambú, yute...) son de precio inferior, pero también aportan un toque cálido y auténtico en todo tipo de ambientes.
Hay alfombras de tejidos sintéticos (poliéster, polipropileno, acrílico...) que imitan a la perfección alfombras de tejidos naturales pero requieren menor mantenimiento y se limpian más fácilmente. Éstas se fabrican en todo tipo de estilos y estampados.
Por otra parte, la altura de la alfombra también es un detalle que indica su calidad, aunque ésto depende, sobre todo, de los gustos. Las alfombras de bucle son las más altas y mullidas, mientras que las alfombras de pelo cortado se aspiran con más facilidad.
¿Cómo elegir el color de la alfombra?
El color para una alfombra lo determina el resto de la decoración de la estancia. Puede coordinarse con los colores de la pared y del resto los textiles de la habitación, las tapicerías de sofás, sillas o sillones y las cortinas. O bien, en contraste.
Elegir una alfombra lisa o una alfombra estampada también depende de cómo está decorada la habitación. Si es muy recargada o, por el contrario, minimalista. También puedes decidir que tu alfombra sea el centro de atención eligiéndola en un color llamativo cuando tienes una habitación decorada con colores claros. Recuerda que los colores fríos (verdes, azules...) son relajantes, mientras que los cálidos (amarillos, rojos...) aportan energía. Los colores neutros proporcionan luz y amplitud a las estancias, aunque son más sucios y necesitan más mantenimiento.
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