El extintor es útil para acabar con el inicio de un incendio. Ya sea de polvo o de agua con un aditivo, permite circunscribir un fuego de clase A, B, C, D o F. Complementado con una alarma de incendio, este accesorio optimiza la seguridad en el hogar.
Un extintor se elige en función de la clase de fuego a circunscribir:
- los fuegos de clase A son producidos por combustibles sólidos como cartones, madera, tejidos, materiales compuestos o plástico;
- los fuegos de clase B son producidos por combustibles líquidos como carburantes, aceite o solventes;
- los fuegos de clase C son producidos por la combustión de gas;
- los fuegos de clase D son de origen eléctrico (cortocircuito) o por la combustión de metales especiales como sodio o magnesio;
- los fuegos de clase F son producidos por auxiliares de cocción.
Diferentes tipos de equipos están disponibles:
- los modelos de polvo tipo ABC son los más comunes debido a su versatilidad;
- los equipos de CO₂ reconocibles por su boquilla en forma de embudo son adaptados para fuegos de clase B;
- las versiones de agua con aditivo permiten extinguir fuegos de clase A.
Algunas informaciones que deben conocerse sobre los extintores:
- su reemplazo debe realizarse cada 5 a 15 años;
- el volumen indicado en la etiqueta se refiere al peso de los combustibles sólidos o al volumen en litros de los combustibles líquidos a extinguir;
- están sujetos a normas, a saber MED 96/98/EC, NF EN 3, PED 97/23/EC y CE.
Así, la elección de un extintor depende de los materiales susceptibles de inflamarse y del lugar a asegurar. Para los equipos instalados, se recomienda verificar regularmente el estado de la manguera, la presencia de corrosión, posibles fugas así como la visibilidad de las instrucciones de uso para asegurarse de su buen funcionamiento.